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Cambiar de maíz a plátano ayuda a los agricultores hondureños

Finca de Marta Galeas. (Foto de USAID/S. Croasdaile)

Finca de Marta Galeas. (Foto de USAID/S. Croasdaile)

JESÚS DE OTORO, HONDURAS - Marta Galeas utilizaba técnicas tradicionales para sembrar maíz, pero consideraba que su cosecha era muy pequeña y la ganancia demasiado poca.  Galeas vive en un valle muy fértil donde justamente al lado de su propiedad está una de las producciones más grandes de arroz de la región.  Galeas estaba segura que había una manera de mejorar su producción y sustento, pero no tenía idea de cómo hacerlo.

Galeas y su familia han sembrado maíz toda su vida.  Acostumbraban sembrar un acre de maíz lo cual les daba suficiente cosecha para el sustento familiar y un excedente que vendían en el mercado por unos $160 por temporada.

Al igual que muchas otras mujeres en la zona, Galeas había estado buscando alternativas para aumentar los ingresos de sus familias.  Se afilió a la Cooperativa Regional de Mujeres e intentó sembrar camote junto a su parcela de maíz.  Tuvo cierto éxito con el camote, pero no logró incrementar sus ganancias de manera significativa.

El Gobierno de los EE.UU. le ofreció a Galeas la oportunidad de cambiar su producción de maíz por plátanos.  Los plátanos no se cultivan tradicionalmente en Jesús de Otoro, y ella se mostró renuente al cambio.  El Programa de Diversificación Económica Rural de la USAID (USAID-RED) le proporcionaría las plántulas, la asistencia técnica y un pequeño sistema de riego.  Galeas decidió arriesgarse y sustituyó su plantación de maíz por 3,200 plántulas de plátano.

Su primer desafío fue preparar la tierra.  A diferencia del maíz, el plátano necesita camas de tierra para que el agua pueda escurrirse fácilmente por la planta.  El suelo en el terreno de Galeas es duro y no logró progresar mucho preparando la tierra a mano.  USAID/RED llevó una máquina especial para hacer camas de tierra desde Copán, en el oeste de Honduras.  Utilizando la máquina, le tomó a Galeas siete días preparar el suelo y empezar el proceso de plantación.

Otro reto fue poder obtener recursos para la compra de fertilizantes y otros insumos.  Gracias al apoyo del programa, Galeas logró que la cooperativa de mujeres le prestara $600 y le facilitara el crédito para la compra de insumos.

La plantación de Galeas creció en tamaño y comenzó a producir plántulas.  Galeas ya ha tenido que invertir unos $500 más, pero espera producir cerca de 80,000 libras de plátanos.

Cifras conservadoras estiman que Galeas ganará $10,000 en esta cosecha y otros $5,000 si decide vender sus plántulas.  Galeas manifiesta que su vida se ha transformado.  Pasó de ser una productora tradicional de maíz con problemas de seguridad alimentaría, a ser una productora de plátanos que emplea nueve personas, ocho de los cuales son miembros de su familia.  Su finca también funciona como modelo donde otras personas reciben capacitación.

Galeas ya ha asegurado un comprador en el área con capacidad de adquirir toda su producción.  Ella planea extender su plantación el próximo año y esta reclutando a personas de su comunidad para que se arriesguen a producir plátano.  Su meta es tener suficientes productores de plátanos para formar una cooperativa y vender a nivel regional.